Polymele y su pequeña luna: cómo una ocultación reveló un satélite de unos 5 km
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Planeta
Júpiter (JPL 599) es el quinto planeta del sistema solar: un gigante gaseoso de rápida rotación, atmósfera de hidrógeno y helio, intensa magnetosfera, lunas y tenues anillos de polvo.
Júpiter es el quinto planeta desde el Sol y un gigante gaseoso, identificado como 599 en el catálogo de cuerpos de JPL. No tiene una superficie sólida como la terrestre. Está compuesto principalmente por hidrógeno y helio; a gran profundidad, la presión modifica el estado del hidrógeno. Las observaciones de Juno respaldan un núcleo diluido, mezclado con las capas que lo rodean, en lugar de una esfera sólida con una frontera sencilla.
NASA da un radio de aproximadamente 69.911 km y una distancia media al Sol de unos 778 millones de km, o 5,2 unidades astronómicas. Su anchura es unas once veces la de la Tierra. Estas cifras redondeadas sirven para describir su escala; los radios ecuatorial y polar y los distintos modelos de rotación no son parámetros intercambiables.
La hoja de datos de NASA/NSSDCA indica que, por volumen, la atmósfera está compuesta principalmente por hidrógeno molecular, H2: 89,8 %, y helio, He: 10,2 %; ambos porcentajes llevan una incertidumbre indicada de 2,0 puntos porcentuales. Entre los constituyentes menores se consignan metano a 3.000 ppm con incertidumbre de 1.000 ppm, amoníaco a 260 ppm con incertidumbre de 40 ppm, deuteruro de hidrógeno a 28 ppm con incertidumbre de 10 ppm, etano a 5,8 ppm con incertidumbre de 1,5 ppm y agua a 4 ppm. En este último caso, la propia fuente advierte que la abundancia varía con la presión.
Los aerosoles citados son hielo de amoníaco, hielo de agua y hidrosulfuro de amonio. Este inventario respalda la existencia de materiales condensados o particulados en la atmósfera, pero no permite determinar su distribución vertical, su abundancia relativa ni su comportamiento temporal. A 1 bar, la hoja de datos da una temperatura de 165 K, equivalente a −108 °C, una densidad de 0,16 kg/m³ y una masa molecular media de 2,22. A 0,1 bar informa de 112 K, o −161 °C. La presión indicada como “superficial” es superior a 1.000 bares; sin embargo, dada la descripción de Júpiter como esfera gaseosa y la ausencia de una superficie definida en las pruebas, el término debe entenderse como una convención de la ficha y no como confirmación de un suelo accesible.
La escala de altura atmosférica indicada es de 27 km. Los vientos alcanzan hasta 150 m/s a latitudes inferiores a 30 grados y hasta 40 m/s a latitudes superiores a 30 grados. Estos datos demuestran que las condiciones atmosféricas dependen de la latitud, aunque la evidencia no explica las causas dinámicas, la duración de los patrones ni si representan máximos persistentes. Una ilustración de NASA sobre la magnetosfera interior muestra líneas de campo que conectan los polos, auroras y una región de radiación intensa alrededor de la zona media del planeta. Como es una representación artística, confirma los elementos que el documento identifica, pero no fija una geometría exacta ni valores de campo o radiación.
Júpiter tiene el día más corto de los planetas: unas 9,9 horas. Su órbita elíptica tarda unos 4333 días terrestres, aproximadamente doce años. NASA/NSSDCA proporciona una excentricidad orbital de 0,0487, una inclinación del eje respecto a la órbita de 3,13° y una velocidad orbital máxima de 13,72 km/s. El propio documento distingue los elementos orbitales medios referidos a J2000 de los parámetros resumidos: no describen una posición en tiempo real.
Las cuatro grandes lunas galileanas son Ío, Europa, Ganímedes y Calisto. No son las responsables que identifica NASA para el polvo de los anillos: ese polvo procede de impactos de meteoroides en las pequeñas lunas interiores. El sistema de anillos es tenue y casi invisible. El número de lunas catalogadas cambia con las observaciones, por lo que no debe confundirse con una estimación de miles de partículas u objetos pequeños.
La magnetosfera y su interacción con el Sol aparecen entre las propiedades más destacadas. Según la página de datos de NASA, una estructura se expande hacia el Sol entre 1 y 3 millones de kilómetros, equivalente a entre 7 y 21 diámetros de Júpiter, y se estrecha formando una cola semejante a la de un renacuajo que se prolonga más de 1.000 millones de kilómetros por detrás del planeta, hasta la órbita de Saturno. La fuente no identifica en el extracto el nombre técnico de cada región ni explica cómo varía con las condiciones solares, por lo que estas dimensiones deben conservarse como el rango y la descripción suministrados, no como un contorno fijo.
NASA sitúa la formación de Júpiter hace unos 4600 millones de años, a partir del gas y el polvo del joven sistema solar. Las mediciones de la atmósfera y del campo gravitatorio permiten poner a prueba modelos de formación e interior. Un esquema divulgativo no sustituye esas mediciones: la distribución profunda de elementos y la evolución del núcleo continúan investigándose.
Júpiter se conoce desde la Antigüedad. Galileo Galilei observó sus cuatro lunas mayores en 1610. Voyager 1 descubrió los anillos en 1979 durante un sobrevuelo; no fue un hallazgo de un orbitador. La misión Galileo estudió después el sistema joviano y aportó pruebas del océano bajo el hielo de Europa. Conviene separar estos resultados sobre lunas y anillos de las conclusiones sobre el interior del planeta.
Júpiter constituye un laboratorio científico por la combinación documentada de atmósfera de hidrógeno y helio, vientos de gran velocidad, rotación rápida, magnetosfera con auroras y radiación intensa, anillos de polvo y un sistema de satélites con cuerpos mayores identificados. Las mediciones atmosféricas y la comparación de abundancias elementales con las solares conectan las observaciones actuales con preguntas sobre formación. El descubrimiento de anillos y las observaciones del sistema muestran asimismo que su entorno es parte esencial de su estudio, no un mero acompañamiento.
Los valores atmosféricos deben leerse con sus incertidumbres y su nivel de presión: no representan de forma uniforme todo el planeta. Los máximos de viento corresponden a bandas de latitud, mientras que la magnetosfera responde al entorno solar. Las fuentes sí ofrecen datos de tamaño, órbita, formación e interior; la incertidumbre científica reside en la precisión y el alcance de sus modelos, no en una supuesta ausencia total de información.
Contexto
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