NASA abre la inscripción para Space Apps 2026, un hackatón global de dos días
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Luna
Europa es una de las cuatro grandes lunas de Júpiter y la cuarta mayor de ese planeta. Su superficie de hielo y las mediciones que apuntan a un océano salado bajo la corteza la convierten en un objetivo destacado para investigar ambientes potencialmente habitables fuera de la Tierra. La misión Europa Clipper, lanzada en 2024, estudiará si existen lugares bajo su superficie que podrían sustentar vida.
Europa es una luna de Júpiter y una de sus cuatro lunas galileanas, junto con Ío, Ganímedes y Calisto. Es la cuarta mayor luna del planeta y la sexta más cercana a él. Su nombre procede de Europa, personaje de la mitología griega raptado por Zeus, equivalente al Júpiter romano. En la nomenclatura de NAIF, Europa figura con el código 502 y el número romano JII.
Con unos 3.100 kilómetros de diámetro ecuatorial, tiene alrededor del 90 % del diámetro de la Luna terrestre. Su superficie helada refleja unas 5,5 veces más luz solar que la Luna, por lo que Europa sería más brillante si ocupara su lugar en el cielo. Júpiter se encuentra a unos 780 millones de kilómetros del Sol, y la luz solar tarda aproximadamente 45 minutos en llegar a Europa; allí, la luz es unas 25 veces más débil que en la Tierra.
Las observaciones espectroscópicas realizadas en 1972 mostraron que la superficie está compuesta principalmente de hielo de agua. Las imágenes de las sondas Voyager revelaron un terreno muy brillante y relativamente liso, surcado por bandas, grietas y crestas. En algunas bandas oscuras, los bordes encajan como piezas de un rompecabezas. Esto sugiere que las fracturas se separaron y que material oscuro y helado pudo fluir hacia los espacios abiertos. Las imágenes también mostraron pocos cráteres grandes, una señal de que procesos geológicos podrían haber renovado la superficie; entre las explicaciones consideradas están flujos de hielo o el hundimiento gradual de la corteza.
Una evidencia importante y sólida de un océano bajo el hielo procede, entre otras cosas, de las mediciones magnéticas de Galileo. Júpiter perturbó el campo magnético alrededor de Europa de una manera que apunta a un campo inducido en la propia luna, probablemente generado por un fluido conductor. Dada la composición helada de Europa, los científicos consideran que el candidato más probable es un océano global de agua salada. Se estima que la capa de hielo tiene entre 15 y 25 kilómetros de espesor y que el océano podría alcanzar entre 60 y 150 kilómetros de profundidad. Ese océano podría contener aproximadamente el doble de agua que todos los océanos terrestres.
En 2019, un equipo anunció la detección directa de vapor de agua sobre Europa, mediante observaciones infrarrojas desde el observatorio Keck. Otras observaciones con telescopios y la reinterpretación de datos de Galileo han sugerido que podrían existir penachos de agua que se elevan hasta unos 160 kilómetros sobre la superficie. Su existencia y su posible conexión con el océano no están establecidas de manera concluyente. Si el material expulsado procediera del océano, atravesar un penacho permitiría a una nave analizarlo sin llegar a la superficie. También se ha propuesto que muestras del océano podrían incorporarse a la base de la corteza y, al ascender hielo menos denso, quedar accesibles para estudios remotos.
Europa completa una órbita alrededor de Júpiter en unos 3,5 días y está acoplada gravitatoriamente: mantiene siempre el mismo hemisferio orientado hacia el planeta. Su órbita es ligeramente elíptica, de modo que la distancia a Júpiter cambia. La luna participa en una resonancia orbital con Ío y Ganímedes: por cada órbita de Ganímedes, Europa completa dos e Ío cuatro. Las atracciones gravitatorias repetidas entre las tres lunas mantienen una pequeña excentricidad en sus órbitas.
Al variar la distancia, también cambia la intensidad de la atracción de Júpiter entre el lado cercano y el lejano de Europa. Las mareas resultantes deforman y relajan la luna. Esa flexión probablemente contribuye a las fracturas de la superficie y podría producir calentamiento interno. Si hay un océano, el calor de marea podría favorecer actividad volcánica o hidrotermal en el fondo oceánico. Júpiter bombardea la superficie con radiación, perjudicial para la vida expuesta allí, aunque esa radiación podría contribuir indirectamente a generar sustancias aprovechables en un océano protegido bajo el hielo.
La posibilidad de habitabilidad es una hipótesis científica, no una detección de vida. Para la vida tal como se conoce en la Tierra se consideran necesarios agua líquida, ciertos elementos químicos y una fuente de energía. Los estudios citados por NASA señalan que Europa podría reunir agua y elementos como carbono, hidrógeno, nitrógeno, oxígeno, fósforo y azufre. Bajo el hielo no llega la luz solar, por lo que cualquier organismo hipotético dependería probablemente de reacciones químicas, no de la fotosíntesis. La radiación superficial tampoco implica que el océano subterráneo tenga las mismas condiciones que la superficie.
Las primeras observaciones cercanas llegaron con Pioneer 10 y 11; Voyager 1 y 2 obtuvieron imágenes de mayor detalle durante sus sobrevuelos de Júpiter en 1979. Galileo, que entró en órbita alrededor de Júpiter en 1995, realizó 12 sobrevuelos cercanos de Europa y proporcionó buena parte de lo que se conoce sobre ella. Juno también ha efectuado sobrevuelos cercanos, y el telescopio espacial Hubble forma parte de las observaciones desde la Tierra. NASA indica que seis sondas robóticas han explorado Europa.
Europa Clipper fue lanzada el 14 de octubre de 2024. Su objetivo científico principal es determinar si existen lugares bajo la superficie de Europa que podrían sustentar vida. La nave realizará numerosos sobrevuelos y estudiará la luna en detalle; su propósito es evaluar condiciones potencialmente habitables, no confirmar por sí sola que exista vida.
Los valores indican el marco temporal y la incertidumbre cuando están disponibles. Esta vista no simula posiciones en tiempo real.
Contexto
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