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Más satélites, menos cielo: cómo las megaconstelaciones pueden afectar a las imágenes astronómicas

El Observatorio Europeo Austral (ESO) publicó el 1 de julio de 2026 un estudio sobre cómo las constelaciones de satélites actuales y propuestas podrían afectar a la astronomía. El trabajo de Olivier Hainaut simula tanto las trazas que los satélites dejan en las imágenes como la luz que puede aumentar el brillo de todo el cielo. ESO cifra en más de 1,7 millones los nuevos satélites contemplados en las propuestas analizadas. No se trata de una flota ya desplegada: la noticia examina escenarios y planes que aún estaban sujetos a trámites regulatorios.

Más satélites, menos cielo: cómo las megaconstelaciones pueden afectar a las imágenes astronómicas
Ilustración generada por IA

Datos clave

  • ESO publicó los resultados el 1 de julio de 2026; el estudio de Olivier Hainaut había sido aceptado para publicación en Astronomy & Astrophysics.
  • La nota de ESO contabilizaba más de 14.000 satélites en órbita y describía propuestas para lanzar más de 1,7 millones adicionales.
  • En la simulación del VLT, aparecerían decenas de trazas por imagen dos horas después del comienzo de la noche, con pérdidas de campo de visión de hasta el 28 %.
  • La estimación del VLT supone satélites lo bastante tenues como para no verse a simple vista en buenas condiciones.
  • La simulación de Reflect Orbital asumió que ningún haz apuntaría directamente a un observatorio ni cerca de él; para una flota de 50.000, el brillo general del cielo podría aumentar entre tres y cuatro veces.
  • Hainaut propone un máximo de 100.000 satélites actuales y futuros, siempre que sean más tenues que la magnitud visual 7; dijo que preferiría 50.000 y aclaró que 100.000 no es un umbral exacto.

Fichas relacionadas

El 1 de julio de 2026, el Observatorio Europeo Austral (ESO) dio a conocer los resultados de un estudio sobre el posible impacto de las constelaciones de satélites en las observaciones astronómicas. Su autor, Olivier Hainaut, simuló la posición, el movimiento y el brillo de flotas actuales y previstas. ESO indicó que el estudio había sido aceptado para publicación en la revista Astronomy & Astrophysics.

La cuestión central no es solo cuántos puntos luminosos pueden cruzar una fotografía astronómica. La luz de los satélites también puede elevar el brillo de fondo del cielo, incluso cuando los objetos no se distinguen a simple vista. Son efectos diferentes y el estudio calcula ambos. Sus resultados describen escenarios simulados, no el efecto medido de una flota futura ya desplegada.

De una órbita con miles de satélites a propuestas mucho mayores

Según la nota de ESO, desde 2019 ha aumentado rápidamente el número de satélites en órbita y, cuando se publicó el estudio, superaba los 14.000. La cifra incluye los satélites en funcionamiento; al contar también los aparatos inactivos y los desechos, la nota daba un total de 32.000 objetos. Las propuestas consideradas en el análisis añadirían más de 1,7 millones de satélites.

Entre ellas figura el plan de SpaceX de enviar un millón de satélites adicionales para centros de datos espaciales. Otras propuestas citadas por ESO incluyen las constelaciones Cinnamon, de E-Space, y CTC-1 y CTC-2, de China. La empresa estadounidense Reflect Orbital, por su parte, plantea satélites grandes con espejos para reflejar luz solar hacia la Tierra durante la noche. La compañía propone que los haces cubran al menos cinco kilómetros sobre la superficie terrestre y ha anunciado una meta de 50.000 satélites para 2035.

Estos planes no deben confundirse con satélites ya presentes en el cielo. En una actualización incorporada a la nota, ESO señaló que el 9 de julio la Comisión Federal de Comunicaciones de Estados Unidos (FCC) había autorizado a Reflect Orbital a desplegar un satélite de demostración. La información distingue esa autorización para un prototipo de los planes de formar una constelación completa.

Las trazas pueden cubrir parte de las imágenes

Un satélite iluminado por el Sol puede dejar una línea brillante al cruzar el campo observado por un telescopio. Para estudiar este efecto, Hainaut simuló observaciones con el Very Large Telescope (VLT) de ESO, situado en Paranal, Chile. En el escenario analizado, dos horas después del comienzo de la noche aparecerían decenas de trazas en cada imagen. La pérdida del campo de visión podría llegar al 28 %.

Ese cálculo para el VLT supone que los satélites son lo bastante tenues como para no verse a simple vista en buenas condiciones. ESO advierte que, si fueran algo más brillantes, algunas cámaras podrían verse más afectadas. En particular, la nota señala que la cámara del Observatorio Vera C. Rubin podría producir imágenes mayoritariamente inutilizables durante varias horas por noche. El mecanismo importa: en cámaras con electrónica compleja y de alta densidad, una traza que satura el detector puede generar trazas fantasma y contaminar potencialmente una imagen completa.

La pérdida no siempre equivale a una franja estrecha sobre la fotografía. El estudio considera que los rastros brillantes pueden afectar a más zonas de la imagen, dependiendo de la cámara. Por eso, el porcentaje de campo de visión calculado para el instrumento del VLT no debe confundirse con la estimación de imágenes inutilizables para el Rubin: se refieren a cámaras y efectos descritos de manera distinta.

También puede aumentar el brillo general del cielo

La otra vía de impacto es menos evidente en una sola fotografía: la luz de las constelaciones puede contribuir al brillo de fondo del cielo. Según explica ESO, los satélites demasiado tenues para ser vistos directamente pueden formar un velo de luz difusa. La luz de los satélites más brillantes, además, puede dispersarse en distintas direcciones al atravesar la atmósfera. El análisis de Hainaut incluyó este efecto, además de las trazas individuales.

Los satélites espejo de Reflect Orbital plantean un caso especialmente brillante dentro de las simulaciones. Según los cálculos recogidos por ESO, un satélite visto desde dentro de uno de sus haces parecería cuatro veces más brillante que la Luna llena. Incluso fuera del haz, cada aparato tendría un brillo comparable al de Venus. Para la constelación completa de 50.000 satélites, el estudio calcula que el cielo podría ser entre tres y cuatro veces más brillante en conjunto.

La estimación para Reflect Orbital tiene una condición importante: las simulaciones supusieron que ningún satélite dirigiría su haz directamente hacia un observatorio ni cerca de él. Aun con ese supuesto, ESO indica que la traza de un solo satélite espejo podría estropear una observación con una cámara como la del Rubin. Con la flota completa, mientras los satélites estuvieran iluminados por el Sol, se perderían todas las imágenes de una cámara de ese tipo, según el escenario simulado.

El límite propuesto y sus condiciones

Como respuesta a los resultados, Hainaut propone limitar a 100.000 el número total de satélites actuales y futuros, siempre que sean lo bastante tenues para no verse a simple vista desde un lugar oscuro. La nota de ESO especifica que el brillo tendría que ser inferior a magnitud visual 7. Según el texto, ese nivel también evitaría que los satélites saturasen detectores como el de la cámara del Rubin.

Hainaut subraya que 100.000 no es una frontera exacta entre un cielo protegido y otro dañado: dice que preferiría 50.000 y compara las pérdidas asociadas a 100.000 satélites con las de otros problemas técnicos, como los fallos de equipos. Además, la cifra propuesta está condicionada por el brillo. Si parte de los satélites fuera más brillante que el umbral indicado, el total tendría que ser mucho menor.

ESO afirmó que utilizó el estudio como base para responder a las solicitudes presentadas ante la FCC por SpaceX y Reflect Orbital, en colaboración con la Royal Astronomical Society del Reino Unido y la Unión Astronómica Internacional. La decisión sobre esas solicitudes correspondía a la comisión. Así, los resultados científicos presentados por ESO, los escenarios de lanzamiento de las empresas y las decisiones regulatorias son piezas distintas: el estudio estima consecuencias para la observación astronómica bajo condiciones concretas, mientras las propuestas y sus permisos determinan qué flotas podrían llegar a órbita.

Qué permiten concluir las simulaciones

El trabajo pone de relieve dos dificultades para la astronomía óptica desde tierra: las trazas que interfieren con exposiciones individuales y el brillo adicional que puede extenderse por el cielo. Las simulaciones ofrecen estimaciones cuantitativas para instrumentos y flotas descritos en la nota de ESO, pero sus resultados dependen de supuestos como el brillo de los satélites, la hora de observación y, en el caso de Reflect Orbital, la orientación de los haces.

La propuesta de Hainaut de limitar la población total a 100.000 satélites tenues es, por tanto, una recomendación condicionada, no un umbral universal presentado como exacto. Su cifra debe leerse junto con la advertencia de que los satélites más brillantes exigirían reducir aún más el total. El estudio sitúa así el debate sobre las megaconstelaciones en términos observacionales concretos: cuántas trazas afectan a las imágenes, cuánto se ilumina el fondo del cielo y qué condiciones de brillo se asumen para calcularlo.