Polymele y su pequeña luna: cómo una ocultación reveló un satélite de unos 5 km
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Luna
La Luna es el único satélite natural de la Tierra. Es un cuerpo rocoso diferenciado, con núcleo, manto y corteza, que gira alrededor de la Tierra a una distancia media de unos 384.400 km. Su rotación síncrona hace que muestre siempre el mismo hemisferio hacia nuestro planeta.
La Luna es el único satélite natural de la Tierra. En el catálogo de códigos NAIF de la NASA figura con el nombre «MOON» y el código 301; la Tierra aparece como «EARTH» con el código 399. El término «lunar» procede del nombre latino Luna. La Luna no tiene satélites propios ni anillos.
Según la explicación de formación descrita por la NASA, probablemente nació hace varios miles de millones de años, después de que un cuerpo de tamaño parecido al de Marte chocara contra la Tierra. Los restos del impacto, procedentes de ambos cuerpos, se acumularon y formaron el satélite. Al principio era un mundo fundido. En alrededor de 100 millones de años, la mayor parte de su océano global de magma se había cristalizado: los materiales menos densos ascendieron y contribuyeron a formar la corteza.
La Luna se encuentra a una distancia media de unos 384.400 km de la Tierra y se aleja lentamente, aproximadamente una pulgada —unos 2,5 cm— cada año. Completa una órbita alrededor de la Tierra en 27 días terrestres y gira sobre su eje al mismo ritmo. Esta rotación síncrona mantiene el mismo hemisferio orientado hacia la Tierra. Por ello, desde nuestro planeta no se observó la cara lejana hasta que una nave soviética pasó junto a ella en 1959.
La cara lejana no permanece siempre en oscuridad: recibe luz solar en distintos momentos mientras la Luna recorre su órbita. La iluminación cambiante de la parte que vemos produce las fases lunares. Desde la perspectiva terrestre, el ciclo de una órbita aparente dura unos 29 días, porque la Tierra también se desplaza alrededor del Sol.
La Luna es un cuerpo diferenciado, organizado en núcleo, manto y corteza. Su núcleo, proporcionalmente pequeño frente al de otros cuerpos rocosos, comprende un núcleo interno sólido, rico sobre todo en hierro, rodeado por material fundido y una zona parcialmente fundida. La NASA cifra el radio del núcleo interno sólido en unos 240 km y el grosor de la envoltura de hierro líquido en unos 90 km. El núcleo contiene también algo de níquel y azufre; en conjunto, se extiende aproximadamente a lo largo de una quinta parte de la distancia entre el centro lunar y la superficie.
El manto es la capa más gruesa y está compuesto principalmente por basaltos ricos en olivino y piroxeno, minerales que contienen magnesio, hierro, silicio y oxígeno. Es mayormente sólido, aunque la zona cercana al núcleo está parcialmente fundida. La corteza es asimétrica: tiene unos 40 km de grosor en el hemisferio orientado hacia la Tierra y hasta unos 60 km en la cara lejana. Sus minerales contienen sobre todo oxígeno, silicio, magnesio, hierro, calcio y aluminio, además de pequeñas cantidades de titanio, uranio, torio, potasio e hidrógeno.
La superficie rocosa está marcada por impactos de asteroides, meteoritos y cometas. El cráter Tycho, por ejemplo, mide más de 85 km de ancho. Los impactos han triturado y fragmentado las rocas durante miles de millones de años; casi toda la superficie está cubierta por regolito lunar, una capa de polvo gris y fragmentos rocosos. Debajo se encuentra el megaregolito, formado por roca fracturada y material expulsado por impactos.
Las regiones claras son las tierras altas; las oscuras, llamadas maria («mares»), son cuencas de impacto que se llenaron de lava entre hace 4.200 y 1.200 millones de años. La corteza conserva cráteres antiguos y presenta también canales, domos volcánicos y crestas. La Luna tuvo volcanes activos en el pasado; hoy están inactivos y no han entrado en erupción durante millones de años. Las temperaturas superficiales citadas por la NASA llegan a unos 127 °C bajo el Sol pleno y descienden hasta unos −173 °C en la oscuridad.
La exploración detectó hidratación distribuida por la superficie. En 2008, Chandrayaan-1 halló moléculas de hidroxilo, concentradas en los polos. Misiones como Lunar Prospector, LCROSS y Lunar Reconnaissance Orbiter mostraron concentraciones elevadas de hielo de agua en regiones polares permanentemente sombreadas. En 2020, SOFIA confirmó moléculas de agua en la superficie iluminada del cráter Clavius. Los impactos de micrometeoroides también pueden liberar agua del suelo lunar; buena parte de la que se desprende escapa al espacio.
Se han lanzado más de 105 naves robóticas para explorar la Luna, y es el único cuerpo celeste más allá de la Tierra que han visitado seres humanos. Los astronautas de Apollo trajeron 382 kg de rocas y suelo lunar. Los sismómetros instalados durante el programa Apollo registraron datos hasta septiembre de 1977; las muestras, las señales sísmicas, la espectroscopia y las observaciones orbitales ayudan a estudiar la composición y el interior lunar.
La Luna posee una exosfera muy tenue, que no ofrece protección frente a la radiación solar ni a los impactos de meteoroides. Su gravedad superficial equivale a una sexta parte de la terrestre. No se ha encontrado evidencia de vida propia, y la exosfera débil y la falta de agua líquida no permiten sostener la vida tal como la conocemos.
Los valores indican el marco temporal y la incertidumbre cuando están disponibles. Esta vista no simula posiciones en tiempo real.
Contexto
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